Él se acerco para besarla, ella ni si quiera tuvo que pensarlo dos veces; le correspondió, como siempre quiso que él le correspondiera a ella anteriormente. Fue un beso lleno de ternura, de esos que a penas abres la boca, a penas te mueves por miedo a que sea mentira, miedo a que la vida se te vaya en un sólo beso. Ella casi al instante lo abrazó por el cuello y lo tomó del cabello, un instinto de pertenencia, quería que fuera suyo, aunque fuera por sólo ese momento. Él la acercó más a su cuerpo, por la cintura, queriéndose sentir dueño, no sabía que ya era suya.
Se separaron. Ella a su altura, él un escalón más abajo. Se vieron a los ojos y lo entendieron, entendieron porque valió la pena. Sobre todo él, quien se negaba a aceptar lo suyo, quien se negaba a abrir las puertas para darle la bienvenida a un amor fresco y puro. Tomó su mejilla y escéptico y lleno de sorpresa le dijo:
-Esperaste durante 3 meses para esto, siempre con la frente en alto, aunque yo fuera un idiota, aunque fuera ciego. Y yo, con sólo un beso me perdí.- Ella le sonrío, sí, dolida por el pasado, pero alegre por el presente.
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